LA CAFETERA DE DOS TAZAS
- ¡Gallega! ¿Tú quieres un ¨tincito¨de café? Ven a la casa y chismeamos un rato...
Odalys, es una mujer cubana de las que dejan huella. Tiene la piel tostada por cansarse de esperar la guagua, siempre en la misma parada, Santa Catalina, cerca de la pizzería que nunca tiene pizzas. Se ha pasado la vida limpiando pisos en la escuela de secundaria; ella sabe mucho de combatir la pobreza, licenciatura obligada de todos los cubanos. Tiene cinco hermanos. Tres son de padres diferentes; todos se criaron en un apartamentito de la Víbora, de 30 m2 , junto a una madre soltera. Hoy vive ella sola, con el guajiro de Cienfuegos, que en éstos últimos veinte años ha sido su ¨marío¨: un cocinero que trabaja en turismo, que ¨resuelve¨ algo y la mantiene.
Se ha retirado del trabajo, por no poder mover el palo de trapear; las carnes se le descuelgan por el cuerpo, como queriendo marcharse de él, y su cabeza ya no piensa más que en tener un Popular a la hora de la novela.
Odalys tiene un nieto de dos añitos, y otro que viene en camino. La preñez en Cuba no entiende de miedos; seguirán ¨inventando¨, como siempre. Y conociendo sus grandes necesidades, me asombro.
¨- Cuando ésta galleguita llega a La Habana, en cada viaje es igual¨. Yo no llevo para mí ni un ropón de dormir, allí lo pido prestado, lo uso y lo devuelvo.
- ¨¡Pelleja!, préstame el ropón rosado para dormir¨
- ¨Sí, mijita.¨
Ella va al closed roído por los comejenes, rueda la pesada puerta llena de sueños, y en un javita de nylon, como quien guarda un tesoro, saca su ropón sin estrenar, y me lo da gustoza para que yo lo siga estrenando en cada viaje.
Mientras sale el café, le echo un ojo a su cocina limpia. Es tan chiquita que dos personas no pasan al mismo tiempo. Desde que la conozco tiene arriba de la meseta los dos mismos vasitos de plástico para beber, uno azul y otro naranja, pero por supuesto, ésos no son para las visitas. Para mí, ella pide prestado un vaso verde de lunares blancos. Nos sentamos a beber el cafecito. Lo disfruto y alargo como el que bebe el mejor champán. Ella no bebe al mismo tiempo que yo. Me mira y espera. Al acabar me pregunta si quiero más. Yo, sabida de su cafetera de dos tazas, le digo que no, y ella definitivamente bebe el que le toca.
No le regalo nada; no tengo grandes posibilidades. Es ella la que me regala, con su saber diario; me da ¨tablas¨ para enfrentarme a la miseria ignorada que a veces embarga también el mundo de allá...
IKEBANA
21.4.06
LA CAFETERA DE DOS TAZAS
- ¡Gallega! ¿Tú quieres un ¨tincito¨de café? Ven a la casa y chismeamos un rato...
Odalys, es una mujer cubana de las que dejan huella. Tiene la piel tostada por cansarse de esperar la guagua, siempre en la misma parada, Santa Catalina, cerca de la pizzería que nunca tiene pizzas. Se ha pasado la vida limpiando pisos en la escuela de secundaria; ella sabe mucho de combatir la pobreza, licenciatura obligada de todos los cubanos. Tiene cinco hermanos. Tres son de padres diferentes; todos se criaron en un apartamentito de la Víbora, de 30 m2 , junto a una madre soltera. Hoy vive ella sola, con el guajiro de Cienfuegos, que en éstos últimos veinte años ha sido su ¨marío¨: un cocinero que trabaja en turismo, que ¨resuelve¨ algo y la mantiene.
Se ha retirado del trabajo, por no poder mover el palo de trapear; las carnes se le descuelgan por el cuerpo, como queriendo marcharse de él, y su cabeza ya no piensa más que en tener un Popular a la hora de la novela.
Odalys tiene un nieto de dos añitos, y otro que viene en camino. La preñez en Cuba no entiende de miedos; seguirán ¨inventando¨, como siempre. Y conociendo sus grandes necesidades, me asombro.
¨- Cuando ésta galleguita llega a La Habana, en cada viaje es igual¨. Yo no llevo para mí ni un ropón de dormir, allí lo pido prestado, lo uso y lo devuelvo.
- ¨¡Pelleja!, préstame el ropón rosado para dormir¨
- ¨Sí, mijita.¨
Ella va al closed roído por los comejenes, rueda la pesada puerta llena de sueños, y en un javita de nylon, como quien guarda un tesoro, saca su ropón sin estrenar, y me lo da gustoza para que yo lo siga estrenando en cada viaje.
Mientras sale el café, le echo un ojo a su cocina limpia. Es tan chiquita que dos personas no pasan al mismo tiempo. Desde que la conozco tiene arriba de la meseta los dos mismos vasitos de plástico para beber, uno azul y otro naranja, pero por supuesto, ésos no son para las visitas. Para mí, ella pide prestado un vaso verde de lunares blancos. Nos sentamos a beber el cafecito. Lo disfruto y alargo como el que bebe el mejor champán. Ella no bebe al mismo tiempo que yo. Me mira y espera. Al acabar me pregunta si quiero más. Yo, sabida de su cafetera de dos tazas, le digo que no, y ella definitivamente bebe el que le toca.
No le regalo nada; no tengo grandes posibilidades. Es ella la que me regala, con su saber diario; me da ¨tablas¨ para enfrentarme a la miseria ignorada que a veces embarga también el mundo de allá...
IKEBANA

1 Comments:
At 7:17 PM,
Anónimo said…
pues me ha encantado esta experiencia desde luego me he llegado muy profundo este comentario es precioso la verdad felicito ha esta persona gracias
YO.
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